20/6/12

Que veinte años no es nada

Hace un par de meses, una tía mía diagnosticada de Parkinson me comentó que había un concurso de relato breve en una asociación de enfermos de Parkinson y que le gustaría que yo participara. Aunque tengo muy abandonado mi tiempo de escribir relatos, me pareció un reto precioso. Para escribirlo, pasé con ella unos momentos muy especiales donde aprendí todo eso que desconocemos de esta enfermedad. Del día a día, de las pequeñas trabas y sobre todo, de la importancia del cariño que se recibe. 


Escribí el relato, mi tía sonrió al leerlo y unos días después me comunicaban que había conseguido el segundo accésit en el concurso. Ayer recibí una copia del libro donde se han publicado los relatos finalistas. Y aquí está. No podía tener mejor motivo que volver a este rincón que nunca abandono del todo, para mostrarlo. Espero que os guste .... 

Que veinte años no es nada


Biarritz. La misma ciudad, el mismo hotel. Veinte años de diferencia hay entre aquella primera noche en el destino de mis sueños y hoy. Entonces, una declaración de amor, el comienzo de una vida juntos, un proyecto lleno de ilusión. Veinte años después, esa vida continúa, con nuevas ilusiones y diferentes proyectos. Pero, somos los mismos, ¿o, acaso hemos cambiado?

Marzo de 1992
Llovía a mares cuando llegamos al hotel. Yo estaba tan nerviosa que salí del coche sin paraguas, mirando al horizonte en busca del mar. Marcelo tiró de mí riéndose, diciendo algo sobre mi pelo mojado y la cara de atolondrada que se me había quedado. ¡No podía creerlo! En menos de seis meses había encontrado trabajo, tenía un novio maravilloso y disfrutaba de mis primeras vacaciones de lujo. Y lo hacía en aquel hotel que aparecía en una postal desgastada pegada con celo en mi armario de adolescente. Años atrás, mi tía Victoria se había alojado allí durante sus vacaciones de verano. Cuando la recibí, soñé con poder escribir cartas desde aquella terraza de enormes sillones con vistas al Cantábrico.

Entré al hall del hotel dando saltitos para esquivar los charcos. Y con la mirada emocionada hicimos el check-in. Me faltó poco para lanzarme corriendo escaleras arriba. ¡Teníamos tanto que ver y hacer!

Marzo de 2012
La primavera  juega al escondite. Después de unos días más propios del verano que de esta estación, hoy Biarritz nos acoge con un fino manto blanco cubriendo sus calles. El taxi para frente a la puerta del hotel y rápidamente un elegante portero con sombrero acude a abrir mi puerta. Espero. Aún no he aprendido a vencer la vergüenza de apoyarme en desconocidos. Marcelo le indica que puede retirarse y con esa sonrisa que jamás ha perdido en estos veinte años, me ofrece su brazo. Así es mucho más fácil, pienso. Y con cuidado y esas posturas tantas veces ensayadas, consigo poner un pie en el suelo. La nieve es, por encima de la lluvia, mi peor enemigo. Por mi cabeza pasan en unos segundos todas y cada una de las caídas que he sufrido en los últimos cuatro años. Aprieto fuerte el brazo de Marcelo y le dedico una sonrisa algo forzada.


Todo permanece igual que lo recordaba. Quizá cambiaron algún adorno, pero sigue la misma alfombra, la lámpara gigante, los tapices en las paredes, en resumen, el lujo discreto de los buenos hoteles. Miro las escaleras y vuelvo a recordar…

1992
Marcelo había reservado la cena en uno de los restaurantes del hotel. Tía Victoria me había regalado un vestido de noche para esa ocasión. Sencillo y elegante, así lo había definido. Una cremallera recorría mi espalda, ciñendo la tela a mi cuerpo. Dejé que los rizos cayeran sobre mis hombros. Como único adorno llevaba unos pendientes que habían sido de mi madre y una pulsera a juego. Yo me encontraba preciosa.
Me subí en los tacones de raso y coqueteé con mi imagen reflejada en el espejo, bailando, gesticulando y paseando como una modelo hasta que su risa sonó a mis espaldas y sentí su abrazo en mi cintura. “Anda, Cenicienta, date prisa o llegaremos tarde”.

2012
Marcelo ha querido que la cena fuera en el mismo restaurante que aquella primera vez. Hay tiempo de sobra, pero ya he empezado a prepararme, porque soy consciente de la lentitud de mis gestos. El reloj no avanza igual que hace veinte años.


Me coloco frente al espejo de cuerpo entero del vestidor. No me he acostumbrado al nuevo corte de pelo. Ahora ya no tengo que preocuparme más del hecho de no ser capaz de manejar el secador o el cepillo. Un problema más, pensé yo en su día. Uno menos, pensó mi familia cuando me convenció del cambio de look. Recordando ese día miro instintivamente mi mano derecha. No responde. Pero la izquierda sí, y debo empezar a usarla o no estaré preparada a tiempo. Sobre la cama ya está listo mi vestido. Es color crema, de un tejido de punto suave. Solo tengo que deslizarlo sobre mi cabeza y dejarlo caer. Es sencillo y fácil de “usar”. Con cuidado para no caerme voy dejando que la ropa que llevo puesta se deslice hasta el suelo. Con el pie izquierdo empujo las prendas y las amontono. Quizá mañana las recoja todas de una vez. Y es, al subir de nuevo la mirada al espejo cuando le veo. Está apoyado en la puerta que  separa el saloncito de la habitación. 


-  ¿Tú también estás recordando? – le pregunto.
Sí, no puedo evitarlo. Cada detalle me recuerda a aquella noche. ¡Qué jóvenes éramos! Y cuántas ilusiones que aún hoy no hemos perdido.
Le sonrío, porque sí hay ilusiones perdidas y algunas que ya no se cumplirán, pero lo que sí es cierto es que le amo como aquella noche en la que, tartamudeando de nervios, me pidió que nos casáramos.
Te he traído algo. Un regalo.
Y según lo dice deja una caja sobre la cama. Lo abre antes de que yo se lo pida y descubro un vestido negro de noche. Precioso.
Anda, date la vuelta y deja que te ayude a ponértelo. Ya sabes la manía que tienen los buenos diseñadores de ponerles cremalleras imposibles a este tipo de ropa.
Me muerdo los labios emocionada. Visualizo mentalmente la primera vez que no pude abrocharme el abrigo, o cuando tuve que pedirle que me anudara las botas. ¡Cuántos hábitos hemos tenido que cambiar, cuántos gestos nuevos adquiridos y algunos olvidados! Acaricio su mano sin dejar de sonreírle a través del espejo.

1992
Marcelo me pidió matrimonio en los postres. Jugaba con su plato y me daba de comer con su cucharilla. Como en una película de esas tan cursis de la tele. Se puso muy nervioso y parecía que no iba a atinar con las palabras. Cuando por fin venció la timidez, entre risas grité de alegría, me abracé nerviosa a él y del brazo salimos a bailar. En ese momento cantaba Gardel. Fuimos los últimos en abandonar el salón esa noche porque yo no quería que el día terminara.

2012
La noche ha sido todo un éxito. Cada plato ha sido exquisito y lo más importante, fácil de comer. Creo que me he pasado un poquito con el vino, pero como dijo Marcelo mientras rellenaba mi copa por segunda vez, “por una noche no pasará nada”. Espero que las pastillas no se revuelvan en mi estómago. Durante toda la cena no hemos parado de hablar y de recordar. Nos quitábamos la palabra de la boca para traer pedacitos de memoria. Nos hemos reído de nuestra ingenuidad y de lo empalagosos que éramos años atrás. De nuevo en los postres, él ha puesto un anillo en mi mano. En la derecha. Ha tenido que sostenerla entre las suyas y deslizarlo directamente en mi dedo insensible. Y también ha tenido que tranquilizarme cuando empecé a sentir que iba a echarme a llorar. Emocionada y agradecida. Feliz por ser tan afortunada de tenerle.

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En realidad, nunca he estado en Biarritz, no conozco el hotel que aparece en la postal que guardo desde que mi tía Victoria estuvo pasando allí sus vacaciones. Marcelo se llama Antonio y me pidió que me casara con él en las fiestas del pueblo. Yo entonces exprimía cada hora del día como si no hubiera un mañana. Él sonreía emocionado al verme vivir con tal intensidad. Nos queríamos “comer el mundo a bocados”.
Anoche, veinte años después de aquel baile de verano, para celebrarlo, cenamos solos en casa, porque las multitudes me intimidan. Me siento más segura en la soledad de nuestro salón, rodeada de nuestras cosas, sin temer que las miradas recaigan sobre mis movimientos torpes. Mi espacio me da la relajación que necesito para disfrutar realmente del momento.


Como cada noche, desde que me diagnosticaron que tengo Parkinson y empecé a perder fuerza en el brazo derecho, fue Antonio quien hizo la cena. Yo aún puedo hacerla, tengo mis trucos y no he dejado de disfrutar de la cocina ni un solo día, pero agradezco estos detalles que me permiten relajarme física y mentalmente. Para decorar la mesa pidió ayuda a los niños, y es que eso nunca fue su fuerte. No faltaron ni el vino ni los postres. Y fue con la tarta cuando sujetó mi mano derecha entre las suyas y me entregó su regalo. ¡Un curso de tango! No pude evitar echarme a reír, como en mi escena soñada. Sólo a él podía ocurrírsele algo así. Sabe cuánto envidio a esas parejas que se mueven como si fueran uno solo. Sólo él sabe que sueño con la voz de Gardel. Igual que sabe que no soy capaz de ponerme o quitarme un anillo sin ayuda.


El escenario, la lluvia, el restaurante frente al mar, los lujos e incluso el señor con chistera que abrió el coche son fruto de mi imaginación, que también ha tenido que acostumbrarse y adaptarse a los cambios de vida que sufre mi cuerpo. Porque una vez que tu mente acepta lo que tu cuerpo vive y experimenta, incluso sin quererlo, todo en tu vida comienza un proceso de adaptación. Así fue como pasé de los sueños de chica princesa a los de mujer tímida e insegura que busca en los pequeños detalles la razón de su felicidad. El vestido negro de fiesta está colgado en una percha de mi armario. Si anoche no me lo puse es porque me siento más cómoda con mi ropa de siempre, sin adornos innecesarios. He aprendido a valorar lo cotidiano y cercano. Antonio siempre abrió mi puerta del coche, aún cuando podía bajarme de un salto. Siempre caminamos del brazo por amor, por el contacto que me hace sentir querida y ahora además, porque así me siento menos frágil. A la peluquería también me acompañó, y su mirada en el espejo hizo que me sintiera la más guapa del mundo con mi nueva melena corta.


Sí, soy afortunada, y confieso que soy feliz. Más que la chica del hotel de Biarritz. Ahora lo puedo decir. Porque hubo un tiempo en el que ni siquiera me atrevía a soñar, como si ese lujo se me hubiera denegado de repente. Mi cuerpo tenía que reaprender a vivir, no podía perder el tiempo en fantasías que ya jamás podrían ocurrir. Entonces, poco a poco, y con la ayuda de amigos y gente que vive la enfermedad como yo, y sobre todo y ante todo, con mi familia cerca, re eduqué mis deseos y comencé a soñar con hoteles lujosos a los que llegaba agarrada con fuerza del brazo de Antonio para no caer. Ahora sueño en presente.
Aceptar que ya no serás la última en abandonar el baile fue como perder el zapato de Cenicienta. Pero descubrir que descalza se siente mejor el suelo sobre el que avanzas es encontrar el camino de la felicidad.
Mi historia no es una novela rosa, ni siquiera marrón como el color horrible de mis pastillas. Mi historia es una historia de amor del siglo XXI, con sus personajes, sus miedos, sus dudas, sus malas jugadas de la vida y sus aceptaciones. Es una historia real y optimista. Es mi historia. 

13/4/12

Carta de primavera a un desconocido

Carta de primavera a un desconocido


Querido amigo desconocido

Perdona mi tardanza en escribirte de nuevo. Como habrás observado, volvió la primavera y explotó en mil luces de colores. A mí, me pilló invernando y desperté una mañana con resaca emocional. Ahora, siento por fin como me "primavero" por dentro. Los días son más largos y las horas se me quedan cortas.

Paso los días ocupada viviendo la historia que dormía en un rincón. Cada detalle es una posibilidad, cada idea un proyecto.

Ay amigo, tengo tanto que vivir que no encontré tiempo para nuestras cartas. Espero que sepas disculparme. Además, pensé, que es mejor que lo dejemos aquí. La última vez sé que estuviste expiando, intentando averiguar quien soy. Y no, no quiero que nos veamos, como me pedías en tu última carta. Eso sería un error. Tendríamos que adoptar el papel que espera el otro, aprender a ser lo que esperamos, descubrirnos y por lo tanto moldearnos. Adiós a esta transparencia casi infantil y al hablar sin pensar. Créeme amigo, fuiste de gran ayuda. Vive con eso. Ahora, llegó el tiempo de vivir descalza. Pero quiero que sepas, que de vez en cuando, volveré a "nuestra papelera" por si necesitas hablar. De tú a tú. ¿O debería decir de "yo a yo"?Sin miradas. Sin prejuicios.

Hoy soy yo quien te da un consejo, aunque no lo pediste, tú siempre escuchaste. Sé feliz amigo desconocido. Y no dejes nunca que el invierno te enfríe.

(... ...)

19/3/12

Carta de invierno a un desconocido

Carta de invierno a un desconocido


Querido amigo desconocido,

Por fin llegó el frío. Y lo hizo a lo grande. Nevó durante tres días para después dar paso a un viento helador del norte. Los días se volvieron cortos pero las horas se me hacen eternas. Y es que yo, amigo, me enfrié tanto este invierno que ya no escucho mis latidos.

Paso las tardes en un café oscuro, junto al ventanal, viviendo las vidas de los otros. Un día quiero ser azafata y volar lejos de casa y al siguiente añoro tener un hogar cálido con gato y estufa al que volver cada noche. Invento historias en el reflejo de los charcos y dibujo corazones en el vaho de los cristales. Con la mirada perdida y la nostalgia golpeando mis costillas. Y mientras todo esto sucede, mi vida transcurre sin mí.

Ay, amigo. Como verás no arranco. Se me congelaron las manecillas y el tic tac chirría. Y solo a ti puedo contártelo. Necesito alguna motivación que me obligue a ponerme en marcha. Dime tú, desde tu desconocimiento de mí, sin prejuicios ni sermones, ¿qué me recetas para entrar en calor? No quiero que los días se me escapen frente a una chimenea apagada.

Espero ansiosa tu nueva carta.

Pd. Vuelve a dejar la respuesta en la papelera de siempre a la misma hora, pero por favor, no intentes verme, solo el anonimato me ayuda a escribirte. Con cariño, tu amiga desconocida.

(... ...)

17/2/12

Arrival ~ Departure

ARRIVAL ~ DEPARTURE


ARRIVAL

Mi vida consistía en una espera continua frente a los monitores que anunciaban tu llegada. Y tú, vividor y alérgico a los compromisos, siempre me llegaste "delayed".

Tras uno de aquellos vuelos cancelados, me difuminé tanto que temí perderme.

DEPARTURE

"Pasajeros del vuelo ... con destino .... por favor embarquen por la puerta ... "

¿Lo oyes?, suena a melodía improvisada, me acurruco en esa voz, que para el resto de pasajeros suena a megáfono frío pero para mí es un cálido susurro recordándome que debo partir hacia mi próximo destino. ¿Ves mi maleta? Pesa porque tenía más equipaje del que imaginaba. Mira mis manos, se aferran con fuerza y calma a "mi tarjeta de embarque" ... la primera que ya no lleva tu nombre.

Pd. No vengas a recogerme. Saqué billete de ida.


(... ...)

12/2/12

Componer ...

El mejor regalo que puedo hacerte es facilitarte los medios para
que tú solo compongas tu propia realidad.

Y esto, vale para todo el mundo al que realmente quiero.

Continúa componiendo tu propia realidad ...

(... ...)

6/2/12

Oportunidades

Oportunidades




Creía saberlo todo de ti. Todo menos tu dirección, tu auténtico nombre y tu estado civil. Tampoco hablamos nunca de tu procedencia y, mucho menos, de tu destino. Pero, qué importan esas menudencias cuando en tu mirada podía leerte como se leen los reflejos en los charcos de las aceras. Una vez, sólo una, te permitiste salir sonriendo de mi casa. Debí pillarte bajo de defensas y alto de alcohol. Incluso recuerdo que me tiraste un beso desde la calle y yo, apoyada en aquella ventana en la que tantas horas pasé buscando en la lejanía algún indicio de tu sombra, cometí el error de darte otra oportunidad. Ese día, el mundo, me daba a mí la última ...

Después de eso, cambié el olor de hospital por el del café recién hecho. Ya no bebo, ya no tatúo mi piel contando los días que faltan para verte, ya no soy una alumna destacada en el curso de estupidez de la vida. Ahora me siento libre. Madrugo para estirar el día en lugar de bebérmelo para acortarlo. Escribo historias en las servilletas de los bares y en el reverso de las cartas que jamás llegaste a enviarme y camino por la calle sin miedo a encontrarte y perderme.

Y sólo a veces, apoyada en la misma ventana que fue testigo de aquel beso lanzado al aire, me permito unos segundos de nostalgia. Y sólo a veces, abro una botella y me sirvo un trago. Y sólo a veces, busco tu sombra en el reflejo de los charcos. Y siempre, recuerdo aquella sonrisa. La única. La que hace que aún quiera darte otra oportunidad. Solo que a mí la vida no va a darme más ... ya no.

(... ...)

29/11/11

Avances


Ando perdida entre clics y proyectos.
Aprendiendo, avanzando, poco a poco, como todo lo que se hace con cariño.
Ando reconociéndoME y observándoME.
Buscando y encontrando calma.
Abrazo, sonrío, quiero.
No me fui ... nunca me voy, pero necesito hacer todo más lento.

Entre muchas de las "últimas noticias", esta es una muy bella.
De nuevo, este mes de Diciembre, el día 10, una de mis fotos estará en Buenos Aires formando parte de una iniciativa fantástica.

Gracias a quienes, una vez más, confiaron en mi trabajo.

Prometo contar cómo fue. Aunque no esté en cuerpo, lo estaré en alma.

(... ...)

14/7/11

De vuelta ....

... camino con paso "swazi" por la casa, lento, arrastrando un poco los pies. Estoy agotada, el viaje fue muy largo pero no se me hizo pesado ... no, tenía taaaaaaaanto en lo que pensar, tanto por saborear, tantos recuerdos amontonados entre mi mente y mi corazón, que me han acompañado cada minuto del viaje de vuelta y lo han hecho especial.

Ya estamos de regreso de Swazilandia. Ando deshaciendo maletas y colocando los regalos en las estanterías y los abrazos y las sonrisas que allí he recogido, entre los huecos de mi piel.

Voy a reposarlo un poco ... o mucho. Lo necesito.
Gracias a los que han hecho esto posible y a todos los que me han acompañado de algún modo u otro.

26/6/11

Dando forma a un sueño ...

... en estos días estoy dando forma a un sueño que hace años comenzó a rondarme e invadirme. En pocas horas empezará a ser real.

Os veo a la vuelta ... vendré con mucho que contar, mucho.

Hasta la vuelta. Africa me llama. Voy a recoger sonrisas.

(... ...)

7/3/11

Tiempo de Carnaval





Me maquillé una sonrisa y ensayé aquel baile que sabía sería la estrella de la noche. Paseé cientos de veces frente al espejo. El vestido perfecto, el peinado en su sitio, los tacones relucientes, y la sonrisa, esa sonrisa, se desdibujaba a cada rato ..

Dieron las doce y no perdí el zapato, sino la máscara. Y tuve que salir corriendo ... en el camino me desprendí del tocado, de los tacones y de cualquier adorno. Y descalza y medio desnuda regresé a mi hogar. Solo allí, frente al mismo espejo que horas antes me devolvía una caricatura de lo que soy, recuperé mi sonrisa. Sin maquillajes, sin máscaras. Mi YO.

(... ...)

10/2/11

Yo quise ser una chica Almodóvar



Hace años (muchos más de los que me gustaría) yo era una chica joven (lo sigo siendo, pero más) que estudiaba Diseño y Moda cerca de la Gran Vía madrileña. Una mañana, paseaba yo con una amiga que había venido a buscarme a la academia, carpeta de dibujo bajo el brazo y pintas típicas de "chica que estudia diseño y moda y se cree que lo que diseña mola y se lo pone" ... vamos ... hecha un cristo, seguro. Desapercibida no debía pasar.

De repente, mi amiga tira de mi brazo y me dice: (imagino, por la edad de las dos y el pavo que debíamos tener que la frase fue algo así):

- Tía, tía, tía, tía ..... que viene Almodovar por allí !!!!!

Yo, supongo, como aún no estaba operada de miopía, debí entornar los ojos y en ese lapsus de tiempo, "quien sabe a cuento de qué" tuve la genial idea.

Arranqué una hoja del cuaderno, anoté el teléfono de casa de mis padres y mi nombre, miré a mi compañera y lo solté: "Ahora o nunca, es mi oportunidad de hacerme famosa". Y, sin pensármelo dos veces (ahora pienso ... y por qué no me dio por pensar .... ) cuando Almodóvar estaba a mi altura, sin darle tiempo a reaccionar, le dije mi nombre, que quería ser artista, que amaba el teatro y sus películas ... y me puse a bailar, bueno ... a hacer algo entre "Cantando bajo la lluvia" y "Mary Poppins" de lo que reconozco no recordar con claridad pues decidí poco después cubrirlo con un tupido velo.

Las risas que alguno ya habéis soltado, vienen en realidad ahora, cuando me pasé semanas (o más) preguntando a mis padres si en mi ausencia había llamado un tal Almodóvar preguntando por mí.

El resultado lo sabéis, no llamó ... y el cine español está como está ....

(algunos, los que llevéis tiempo por aquí, conoceréis esta historia, hace unos días la compartí en Flickr ... por eso la foto ... no, no he perdido la cabeza ... creo)

28/1/11

Sigo ....

Casi un mes del 2011 ... el tiempo de los propósitos ya pasó, el de los balances de año está obsoleto ... a estas alturas todos debemos estar actuando, interpretando, atacando proyectos e inmersos en la rutina más o menos placentera de vida.

Yo sigo. Avanzo, crezco, aprendo, V I V O.

Y haciéndolo soy feliz.

Termino un año de revoluciones internas y me temo que esto no ha hech
o más que comenzar. Se me mueve el alma y tira de mí hacia proyectos que pueden cambiar mi vida ... pero ahora son
solo horizontes llenos de luz.

Sigo estudiando. Y además, me gusta. Más que nada que haya estudiado hasta ahora. Me siento bien. Y decir eso a una semana de los exámenes y con todo por hacer, no está nada mal.

Sigo aprendiendo. Un día, una foto. Así un año. Un reto que me está haciendo reconocerme, observarme, conocerme mejor ... además de avanzar en las fotos ... si tenéis curiosidad, ya van casi 200 fotos ... My 365 project

Sigo conociendo y abrazando gente nueva. Esta vez, ese descubrir me ha llevado a subirme a una caravana muy especial, con tres seres maravillosos con los que espero, no solo viajar, sino también V I V I R. Las podéis conocer en La Caravana.

Sigo escribiendo.

Sigo leyendo.

Sigo jugando a ser niña y aprendo de mi hijo.

Sigo por aquí.

No tanto como antes, pero sigo, y no me olvido de lo que aquí he aprendido. Así que me preparo una taza de café y voy de visita ... porque hay rincones que no quiero olvidar.

Ahora convaleciente de una operación de menisco que está dando más lata de la esperada. Pero ha tenido su premio, el tiempo de reposo me ha permitido recuperar este espacio. Y hacerlo con la calma que necesito.

Solo tenía que coger aire. Aquí estoy.
Cargada de V I D A.
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